Hoy quiero escribir sobre la agresividad que poseen algunos niños y lo hago compartiendo una experiencia reciente, como madre de Isabella.
Éramos nuevos en el conjunto residencial y los padres de Valentina, (una niña de 4 años, con apariencia grande y fornida), estaban muy felices de que cerca de ellos se mudara otra niña de su edad, pues comentaban que la niña prácticamente se la pasaba sola y no tenía con quien jugar en el vecindario. Yo por mi parte comencé a notar conductas en ella que no me convencían, pero tal vez era yo una exagerada por no comprender realmente que cada niño tiene su propia personalidad.
De un momento a otro, Valentina quería invadir todos los espacios de la peque, desde que llegaba del colegio al medio día, ella corría a nuestra casa para buscarla, y no se despegaban hasta que me tocaba llevar a mi hija a regañadientes a su actividad extracurricular. Regresábamos por la noche y Valentina ya estaba nuevamente en nuestra casa de visita.
En ese momento permitía su constante visita, por pena con sus padres, ya que veía lo emocionados que se encontraban por ver a su niña feliz con su amiguita, pero al transcurrir el tiempo, me toco ir poniendo freno y límites de horarios. Pensé ilusamente que los padres de la niña, llegado su momento también lo harían, pero no.
Dejaban que la niña viniera a buscar a Isabella a cualquier hora y en cualquier circunstancia, no importaba si yo decía que no se podía, tenía igual el escándalo de Valentina en la puerta de mi casa pidiendo que dejara salir a su amiguita a jugar. No importaba lo que yo dijera, terminaba por venir la mamá o el abuelo a hacer más presión pidiendo que por favor, “un ratito no más” que la niña quería ver a su amiga. A lo que terminaba cediendo por no ser la malvada de la historia.
Luego llegaron las constantes peleas entre ellas, por un juguete, por un juego o lo que fuese y ahí pude darme cuenta, que las peleas se inician debido a que Isabella se cansó de hacer siempre lo que Valentina quería, lo único es que Valentina comenzó a utilizar la fuerza y la agresividad, mientras Isabella sólo apelaba al llanto. Inicialmente comenzamos a explicarle a Valentina que no siempre se podía hacer lo que ella indicaba, luego explicarle que los juguetes no se quitan a la fuerza, solo porque uno los quiere, y así con cada actitud violenta y prepotente de la niña. Pero ella notó finalmente, que en nuestra casa los papás de Isabella controlaban la situación, por lo que en repetidas ocasiones, era ella quien la venía a buscar para jugar en su casa.